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¿Hacia dónde van los nuevos Programas de Matemática en Costa Rica?

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A inicios de septiembre de 2026 hemos recibido la noticia en Costa Rica de que las autoridades ministeriales buscan un cambio en los Programas de Matemáticas en primaria y secundaria (grados 1 a 12). Esta noticia se dio a conocer en coincidencia con los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) 2025.

Según la viceministra del Ministerio de Educación Pública de este país, los programas ya se estarían trabajando y se presentarían en 2027 al Consejo Superior de Educación, órgano encargado de decidir sobre estos asuntos en el país.

El currículo aún vigente fue aprobado en mayo de 2012. Desde entonces, este ha recibido múltiples criterios positivos dentro de la comunidad internacional de Educación Matemática. Es considerado un currículo que asume muchas de las más importantes lecciones y buenas prácticas internacionales, un Programa que incluye resolución de problemas, modelización, participación relevante de estadística y probabilidad, uso visionario de tecnologías, varios enfoques clave en las áreas matemáticas, y muchos otros elementos pertinentes. Todo en un currículo que hace del cultivo de la competencia matemática general y del desarrollo de las capacidades superiores sus constructos principales (precisamente algo muy congruente con la perspectiva de PISA). Rompe con los programas tradicionales por contenidos de una manera original. Y ha ofrecido una perspectiva enriquecedora para la práctica matemática. En las universidades ha sido una fuente valiosa de tesis e investigaciones.

Al igual que toda la educación, este Programa sufrió en Costa Rica el impacto de un llamado “Apagón educativo” desde 2018, que arrancó con movimientos gremiales extensos y luego la pandemia. Su implementación, siempre desigual en nuestros contextos, ha estado llena de tropiezos ajenos a la asignatura. Ahora, sin más, se propone un nuevo Programa en lugar de calibrar las acciones -incluso ajustes- para seguir su implementación en el nuevo escenario. Sin duda hay problemas graves en la enseñanza de la Matemáticas de Costa Rica, que hay que abordar, pero como dice el refrán: el frío no está en las cobijas. Hay que indicar la implementación, la estructura lenta e ineficiente del MEP, la organización de la acción de aula, la calidad de los agentes educativos y los programas de formación, y cada vez más el desfinanciamiento de la educación por parte de las administraciones gubernamentales.

Esta noticia genera preocupación al carecerse de procesos sistemáticos de investigación sobre la situación actual en este campo, sobre los procesos de capacitación que se han dado en los últimos años y sobre la sincronización de las responsabilidades de distintas autoridades, como los asesores regionales y nacionales. Así, una de las principales dudas gira en torno a qué elementos se desean actualizar y las razones que motivan estos cambios.

Hay una cantidad de fenómenos de los cuales se tiene poca información como para dar un giro drástico en la formación en matemática en el país. Además de lo ya señalado, preocupa la orientación epistemológica, social y científica de los mismos. Se desconoce sobre qué referentes descansará este nuevo programa y de qué manera, por ejemplo, abordará la competencia matemática.

Hay elementos, desde mi criterio, que el programa actual había logrado abordar y se desconoce si una nueva propuesta logrará mantener. Por ejemplo, la ruptura tan pronunciada que existía antes de los programas actuales entre la educación matemática en primaria y secundaria, o la formación más orientada por procesos que el programa de 2012 logra consolidar. A ciencia cierta, también se desconoce quién o quiénes lideran la redacción de este documento.

En fin, estas y otras interrogantes parece que solo las podemos resolver una vez que se envíe el programa al CSE y será importante al menos tener procesos que incluyan a distintos actores que puedan genuinamente retroalimentar una propuesta de esta índole; sin embargo, antes de esto, parece inevitable cuestionarnos si no podríamos estar cometiendo un grave error al cambiar unos programas ya sólidos y robustos, por una nueva propuesta sin un diagnóstico, y arriesgándonos a incrementar las problemáticas que no residían en el corazón del programa actual.

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